Nosotros, que venimos
de silencios parecidos,
hemos aprendido a mirar
sin entender.
Pero en el roce
de nuestras fragilidades,
descubrimos que es más humano
abrazar que juzgar.

Nosotros, que venimos
de silencios parecidos,
hemos aprendido a mirar
sin entender.
Pero en el roce
de nuestras fragilidades,
descubrimos que es más humano
abrazar que juzgar.

Nos gusta estar, acompañar,
hacer el bien sin pensarlo dos veces.
No por quedar bien,
ni por costumbre:
simplemente porque así somos.
A veces no vuelve lo que damos,
y está bien.
No lo hacemos por eso.
Lo hacemos porque creemos
en lo que suma, en lo que abraza,
en lo que sostiene.
Nos llena ver sonrisas,
aunque no siempre digan gracias.
Y si algo aprendimos,
es que sembrar con amor
siempre deja algo bueno,
aunque no lo veamos al momento.
Lo nuestro no se gasta.
Se multiplica.

Nosotros seguimos
con nuestras rutinas,
mientras que hay niños
que sobreviven entre ruinas.
Nosotros cambiamos de tema,
ellos pierden su infancia.
Nosotros llamamos lejano
lo que grita aquí al lado.
Y un día, algo se rompe:
ya no podemos no verlo.

Nosotros, a oscuras,
compartimos el silencio.
Otros, con sus diferencias,
aún pueden tender puentes.
Si aprendieran a ver
en el contraste una fuerza,
juntos, encontraríamos la luz,
en lo más simple.

Feliz día del libro:
donde los corazones se rebelan
contra el olvido y,
escriben sus propios destinos.

Nos fundimos en un mismo latido,
donde las almas se abrazan
sin saber de dónde vienen.
Ninguna creencia pesa más
que el gesto que nos acerca.
Todo late, todo cabe,
todo permanece.
¿Y si el corazón fuera
la única patria verdadera?

Hacemos espacio
para lo que merece quedarse.
Los pequeños pasos
nos trajeron hasta aquí.
Ya no corremos,
avanzamos con sentido.
Hay calma en saber
que vamos bien

Todo el tiempo,
buscamos respuestas
fuera de nosotros
pero el secreto está
en lo que llevamos dentro.
A veces, el mundo parece pesado
y el futuro incierto
pero cada día es una oportunidad
para redescubrirnos.
No importa cuan difícil
sea el camino,
siempre hay algo nuevo
que aprender, algo inesperado
que nos sorprende.
Lo importante es seguir avanzando,
confiando en que cada paso,
aunque pequeño,
nos lleva más cerca
de lo que realmente necesitamos.

Nos dicen que todo debe ser medido,
controlado, previsto.
Pero lo que realmente importa
no se puede poner
en una fórmula.
Está en la mirada
que se cruza sin palabras,
en el abrazo que consuela,
en la risa que sana.
Lo esencial no se organiza
ni se puede planificar.
Es lo que vivimos juntos,
en lo inesperado,
en lo que no se puede contar
ni predecir.
El mundo necesita más de eso,
de lo que no se ve pero se siente,
de lo que somos cuando estamos
realmente presentes.

Hay mapas que dibujamos
con normas, con saberes.
Y, hay caminos que solo aparecen
cuando nos sentamos juntos,
sin guion.
La infancia y la familia
no caben en esquemas
si olvidamos incluirlos.
