Nos gusta estar, acompañar,
hacer el bien sin pensarlo dos veces.
No por quedar bien,
ni por costumbre:
simplemente porque así somos.
A veces no vuelve lo que damos,
y está bien.
No lo hacemos por eso.
Lo hacemos porque creemos
en lo que suma, en lo que abraza,
en lo que sostiene.
Nos llena ver sonrisas,
aunque no siempre digan gracias.
Y si algo aprendimos,
es que sembrar con amor
siempre deja algo bueno,
aunque no lo veamos al momento.
Lo nuestro no se gasta.
Se multiplica.

