Nos dicen que todo debe ser medido,
controlado, previsto.
Pero lo que realmente importa
no se puede poner
en una fórmula.
Está en la mirada
que se cruza sin palabras,
en el abrazo que consuela,
en la risa que sana.
Lo esencial no se organiza
ni se puede planificar.
Es lo que vivimos juntos,
en lo inesperado,
en lo que no se puede contar
ni predecir.
El mundo necesita más de eso,
de lo que no se ve pero se siente,
de lo que somos cuando estamos
realmente presentes.

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