El pasado sigue ahí,
en las raíces de nuestro árbol.
No lo negamos,
pero ya no vivimos enterrados.
Las bendiciones nos brotan
en ramas nuevas,
más firmes.
Caminamos sabiendo
de dónde venimos,
sin quedarnos ahí;
agradeciendo cada paso dado.

El pasado sigue ahí,
en las raíces de nuestro árbol.
No lo negamos,
pero ya no vivimos enterrados.
Las bendiciones nos brotan
en ramas nuevas,
más firmes.
Caminamos sabiendo
de dónde venimos,
sin quedarnos ahí;
agradeciendo cada paso dado.

Nos cansamos, sí,
y dudamos del sentido de todo.
No siempre hay ganas,
ni fuerza, ni fe.
Pero aun respiramos,
y eso ya es empezar.
Seguimos, no por certeza,
sino por intento.

El enfado nos consume
y nos hace alejarnos,
sin darnos cuenta
de que el verdadero dolor
está en nosotros.
Nos cegamos por el momento,
pero cuando logramos parar,
vemos que la causa está
en nuestras propias heridas;
no en lo que tenemos cerca.
Es ahí, cuando podemos
empezar a sanar.

El compromiso,
no es cadena, es elección
Nos sostiene sin atarnos,
nos une sin aprisionarnos.
No pesa, impulsa;
no obliga, fortalece.
Porque amar es
caminar juntos,
no arrastrarse.

Nos apoyamos,
nos levantamos,
nos acompañamos siempre.
A veces dudamos,
pero el amor nos empuja a seguir.
Hacemos con el corazón,
porque eso es vivir.
Al final,
somos lo que damos.

Siempre hay un culpable:
el destino, los demás, la suerte.
Nunca un espejo,
nunca un momento de duda.
Pero cuando las excusas se acaban,
el silencio pesa.
Y, aun así,
la verdad sigue ignorada.

Somos el universo
jugándose a sí mismo.
No hay reglas,
solo movimientos y,
momentos que se entrelazan.
Vivimos sin saber,
pero somos parte del juego,
el jugador y el jugado al mismo tiempo.
¿Y si nunca hubo un juego, solo un sueño?

Sabemos que pensamos
y que lo sabemos.
Es un reflejo sin fin.
Si seguimos la idea,
¿llegamos a un inicio
o solo nos perdemos?
Tal vez existimos
porque nos pensamos.

Mezclamos historias,
enredamos recuerdos,
confundimos el ayer.
Entre dudas y risas,
aprendemos a entendernos.
Donde hay sombras,
encendemos luz.
Y, juntos,
encontramos el camino.

Deseamos lo inalcanzable,
lo que brilla en la distancia.
Queremos lo tangible,
lo que nuestras manos
pueden abrazar.
Por años creímos que
debíamos elegir,
dividir el corazón.
Pero al rendirnos
al amor entero,
entendimos: somos ambos.
