El pasado sigue ahí,
en las raíces de nuestro árbol.
No lo negamos,
pero ya no vivimos enterrados.
Las bendiciones nos brotan
en ramas nuevas,
más firmes.
Caminamos sabiendo
de dónde venimos,
sin quedarnos ahí;
agradeciendo cada paso dado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *