Siempre hay un culpable:
el destino, los demás, la suerte.
Nunca un espejo,
nunca un momento de duda.
Pero cuando las excusas se acaban,
el silencio pesa.
Y, aun así,
la verdad sigue ignorada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *