Nos enseñaron a sumar,
pero no a nombrar la tristeza.
Callamos el miedo,
mientras el mundo grita por dentro.
Aprendemos, por fin,
que sentir no es debilidad.
Somos una orquesta nueva,
afinando el alma para sanar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *