Nos miramos de frente,
sin disfraces ni excusas.
Dejamos de huir del cuerpo,
empezamos a habitarlo.
Elegimos con amor
lo que toca nuestra piel,
y suenan campanas:
lo sagrado despierta en lo simple.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *