Una lágrima recorrió su mejilla
cuando, al fin, soltó el puño que
mantenía cerrado con rabia.
Entendió, en ese instante,
que el llanto aliviaba más
que el golpe que nunca dio.
Y en ese silencio roto,
encontró la paz que tanto anhelaba.
Siempre es el momento de conectar
con la esencia del Ser.

