Nos sentamos frente a otros como si fueran
diagnósticos y no historias.
Olvidamos que todos, en algún momento,
nos rompemos un poco por dentro.
Ponemos nombres, etiquetas, recetas…
y creemos que eso basta.
Pero la humanidad no está en clasificar,
sino en escuchar, sostener y comprender.
Si olvidamos eso,
¿en qué momento dejamos de vernos como personas?

