Algunos creen que la vida
es en blanco y negro,
hasta que aparece alguien
en sus caminos y,
les muestra que aquello
que han encerrado
en lo más profundo
de sus almas,
puede volver a ver la luz,
esta vez, construyendo
un arcoíris.

Algunos creen que la vida
es en blanco y negro,
hasta que aparece alguien
en sus caminos y,
les muestra que aquello
que han encerrado
en lo más profundo
de sus almas,
puede volver a ver la luz,
esta vez, construyendo
un arcoíris.

Si observamos a un niño
percibimos su inocencia.
Recordamos que sin ella
un encuentro no es real.
La inocencia nos lleva a ser únicos,
pues nos atrevemos a
mirar sin prejuicios.
Integremos la niñez a
nuestra vida adulta,
es un reto comprender
que somos un todo,
expresándose a través de un cuerpo.

Las edades no pasan y se quedan atrás.
Integrarlas todas en nuestro presente,
es todo un reto.
Nos recuerda que cada parte de
nuestro ahora, está viva.
Nuestro niño sigue ahí.

Un momento para dedicarse tiempo,
un momento para compartir tiempo,
un momento para recordar que
nuestro cuerpo cumple años y,
en nuestra mente está todo lo que
necesita para seguir caminando.
Sigamos moviéndonos, descubriendo
nuestras necesidades y adaptándonos
a nuestro ritmo.

Cuando leemos,
cada línea es un puente
hacia nuevos horizontes.
Al leer nos convertimos
en la prolongación de la historia.
Somos cómplices del autor.
Mientras leemos,
nos transformamos
en artesanos de la narrativa,
tejedores de emociones y,
arquitectos de mundos imaginarios.

Nos toca descubrir
que incluso en la oscuridad,
la luz de la esperanza y la resiliencia
nunca se apaga.

La comprensión de la situación
es vital.
Tenemos una única misión:
sembrar y despertar valores humanos.
Si lo que hacemos nos aleja de esto,
sintámoslo como oportunidad
para reconducir nuestros hechos.
Saber que cada uno de nosotros
lleva en su interior el poder de
crear una mejor humanidad,
nos hace darnos cuenta de que en vez de
concebir la vida en blanco o negro
hay otros caminos en donde
la gama de colores es infinita
y, en donde nuestras diferencias
se hacen pequeñas.
El éxito, solo puede ser social.

Cuando observamos ira en el otro
es momento de apagar nuestro fuego,
de cambiar de actitud.
No es más fuerte el que más grita
o hiere sino aquel que usa su sabiduría
para darse cuenta de que ha llegado el momento
de enfocarse en aquello que que nos hace sentir bien.

A estas alturas de la vida
¿para qué intentar convencer?
Ya sabemos que cada cual
tiene un camino que transitar
y aunque duela, hemos de dejarle
descubrir su destino que,
será siempre el reencontrarse.
Persuadir va más allá de la lógica
ya que parte de la raíz, de ese lugar
que nos une: el corazón.

Inconscientemente vivimos
bajo el control de la opinión de los demás.
Todo esto derivado de un miedo incomprendido.
Ha llegado el momento, de resolver esta cuestión,
tan traumática en ocasiones.
Aprendamos a recibir críticas y a ser asertivos.
Empecemos por nosotros mismos para después
transmitirlo a los que nos rodean.
Las nuevas generaciones necesitan adultos
empoderados que sepan ver más allá
de creencias obsoletas.
