Si observamos a un niño
percibimos su inocencia.
Recordamos que sin ella
un encuentro no es real.
La inocencia nos lleva a ser únicos,
pues nos atrevemos a
mirar sin prejuicios.
Integremos la niñez a
nuestra vida adulta,
es un reto comprender
que somos un todo,
expresándose a través de un cuerpo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *