Un alto en el camino,
un pensamiento que nos detiene,
una caricia que nos envuelve.
Un rato con nosotros mismos,
una luz que nos alumbra,
un momento de paz.
Un regalo el dedicarse,
un segundo para tomar consciencia,
de nuestro sentir,
de la belleza del ser humano
que no tiene igual.
Estamos acostumbrados
a ver la belleza ahí fuera
y si la percibimos es porque
nosotros mismos lo somos.
Conectemos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *