Decimos lo que sentimos y,
lo colocamos con cuidado.
La conciencia mueve las piezas,
silenciosa, paciente.
Quien sigue culpando se queda
con su carga; nosotros ganamos espacio.
Cada respiración abre un hueco
donde caben calma y claridad.
Seguimos caminando, paso a paso,
construyendo nuestro propio ritmo.
Y entonces nos preguntamos:
¿quién decide realmente hasta dónde llega nuestra paz?

