Nos preguntamos antes de aceptar sin dudar.
Sabemos que la máquina ayuda,
pero no siente ni piensa.
Usamos lo que da, pero con juicio propio.
¿Hasta dónde dejamos que otros escriban
nuestra historia?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *