Una de las patas del elefante
se rompe sin previo aviso,
dejando al animal tambaleante.
En lugar de ocultar la fisura,
la repara de manera simple,
revelando la fragilidad que
lo hace más valioso.
En esa rotura, el elefante,
no pierde la fuerza, sino
que adquiere una nueva
forma de ser, más profunda,
más completa.
La imperfección no le resta grandeza,
sino que la redefine.

