El enfado nos consume
y nos hace alejarnos,
sin darnos cuenta
de que el verdadero dolor
está en nosotros.
Nos cegamos por el momento,
pero cuando logramos parar,
vemos que la causa está
en nuestras propias heridas;
no en lo que tenemos cerca.
Es ahí, cuando podemos
empezar a sanar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *