Cuando tomamos consciencia de que nuestro ego es tan solo un vehículo necesario para vivir nuestra experiencia, la ley del destino pierde su fuerza pues estamos vibrando desde una frecuencia, que llamamos compasión. Ahora podemos hablar de la vida y, decidir qué es lo siguiente que vamos a hacer.
Descubramos lo que realmente somos.

