La siguiente rama nace un poco más arriba, crece viendo la vida desde lo más alto; avisa a las demás que están más abajo, de que el horizonte es más amplio, hay, algo más que ver, que experimentar.
Y así, el árbol milenario, eterno, se va fortaleciendo, enriqueciendo.
Con el paso de los años, de las generaciones, hay una cosa cierta y, duradera: -las raíces te sujetan y, la vida se enriquece, con el compartir, con la innovación y el descubrimiento, desde cada rama-.










