Yo quería q
ue se abrazaran en mi presencia, que se besaran, que se dijeran bonitas palabras, que me cogieran entre sus brazos, que se tomaran su tiempo para estar juntos, que compartieran tareas, que fueran la pareja ideal…
Investigando la historia que han vivido, me di cuenta por lo que habían pasado: guerras, violencia, desprecio, autoridad, ausencia…
Y decidí dejar de esperar que se abrazaran, que se besaran, que se dijeran bonitas palabras, que estuvieran juntos, que compartieran, que fuera la pareja ideal…
Comprendí, que eran mis maestros de corazón. ¡Qué gran lección!…
Ahora se lo que es «el amor». De aquellas carencias, brotó la abundancia, la riqueza.
Ahora reparto abrazos, bonitas palabras, equilibrio, sabiduría…
¿Te atreves a comprender al hombre y a la mujer más allá de las apariencias?
Desde ahí, no existe el juicio. Existe la Compasión.
