Le ha llevado a la reflexión, cuando recogía higos de la higuera de cuello dama, y, los depositaba en una cesta, la cuestión siguiente:
Somos fruto de otro fruto; pero además somos conscientes de ello. Si juzgamos el fruto que nos precedió, nos quedamos repitiendo un pasado eterno que ofrece siempre lo mismo; si nos atrevemos a ser el propio fruto, entonces podemos evolucionarlo, cuantas veces sea necesario.
